Debate racional

El diálogo entre dos o más interlocutores responde al propósito comunicativo que se persigue.

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Debate racional

No siempre se requieren argumentos sólidos y razonados, pues la intención comunicativa puede ser muy sencilla, como saludar a una persona, solicitar algún documento, aclarar un malentendido, entre otras.

También existen otras situaciones en las que se requiere que el diálogo tenga seriedad y que se presenten argumentos más formales. Este tipo de diálogos los podemos encontrar en debates académicos, políticos e incluso sociales, en los que principalmente se exponen las distintas posturas que los participantes tienen respecto a un tema determinado.

El debate se puede definir como un diálogo regulado donde se establecen los términos en los cuales intervienen los interlocutores, por cuanto tiempo y en qué orden participarán. En él se involucran al menos dos adversarios, cada uno de ellos defendiendo sus tesis.

En el desarrollo de algunos debates, los interlocutores utilizan la discusión crítica.  Este tipo de discusión se funda en el intercambio de ideas o puntos de vista con diversos objetivos, uno de los cuales consiste en analizar un problema y encontrarle una respuesta racional.

Cuando esto sucede, se dice que se desarrolla un debate racional, ya que recoge la parte regulativa del debate y el objetivo de la discusión crítica.

De esta manera, a partir del debate y la discusión crítica, un debate racional puede definirse como:

Un diálogo regulado por reglas procedimentales donde se establecen las condiciones bajo las cuales los participantes pueden intervenir para analizar un problema o tema, exponiendo sus tesis y postura personal con argumentos, usualmente opuestas a las de los otros adversarios.

Así, como se señala en la definición anterior, el debate racional requiere forzosamente de la argumentación, ya que el objetivo es que uno de los dos participantes demuestre a la parte opositora, con argumentos sólidos y coherentes, que se tiene la razón y que el otro está equivocado.

Algunas personas piensan que debatir no tiene mucho sentido porque todos pensamos de forma diferente, sin embargo, el espacio del debate racional es un momento donde ponemos a prueba nuestros conocimientos teóricos adquiridos en la escuela y en la vida personal.

Además, cuando debatimos también nos abrimos a otras ideas que nos ayudan a reforzar lo que pensábamos, o bien, cuando los argumentos del otro son contundentes, modificar nuestras ideas.  En cualquier caso, siempre ganamos mayores conocimientos al escuchar a otros argumentar su pensamiento.

Por eso el debate es el espacio donde escuchamos con atención las ideas y argumentos de los otros, dejamos a un lado nuestros prejuicios y tratamos de abrirnos a otros puntos de vista, para después evaluar y refutar con argumentos aquello con lo que no estamos de acuerdo.

En el debate vamos más allá de una simple descalificación pues se trata de mostrar las posibles debilidades del otro pensamiento y las fortalezas del nuestro. El debate razonado requiere de una planeación previa en la que intervienen distintos aspectos que ayudan a garantizar su buen desarrollo; esto es, la preparación de un debate integra diversas etapas de desarrollo. Veamos en qué consisten.

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Autoevaluación

Lee los siguientes argumentos e identifica en ellos las premisas y la conclusión, así como los indicadores de ambos.

1. Parecíame nuestro siglo tan floreciente y fértil en buenos ingenios como haya sido cualquiera de los precedentes. Por todo lo cual me tomaba la libertad de juzgar a los demás por mí mismo y de pensar que no había en el mundo doctrina alguna como la que se me había prometido anteriormente.

2. Mas habiendo ya conocido en mí muy claramente que la naturaleza inteligente es distinta de la corporal, y considerando que toda composición denota dependencia, y que la dependencia es manifiestamente un defecto, juzgaba por ello que no podría ser una perfección en dios el componerse de esas dos naturalezas, y que, por consiguiente, Dios no era compuesto.

3. Si sabemos cuán diferentes somos de los animales, entonces entenderemos mucho mejor las razones que prueban que nuestra alma es de naturaleza enteramente independiente del cuerpo y, por consiguiente, que no está atenida a morir con él; y puesto que no vemos otras causas que la destruyan, nos inclinaremos naturalmente a juzgar que es inmortal.

4. Pero yo, que estoy cierto de que soy, no conozco aún con bastante claridad quién soy; de suerte que en adelante debo tener mucho cuidado de no confundir, por imprudencia, alguna otra cosa conmigo, y de no equivocarme en este conocimiento, que sostengo es más cierto y evidente que todos los que he tenido anteriormente. Por lo cual, consideraré ahora de nuevo lo que yo creía ser, antes de entrar en estos últimos pensamientos; y restaré de mis antiguas opiniones todo lo que pueda combatirse, aunque sea levemente, con las razones anteriormente alegadas; de tal suerte, que lo que quede será por completo cierto e indudable.

5. Puesto que concibo a la cera capaz de recibir una infinidad de cambios geométricos, y, sin embargo, no podría yo correr esta infinidad con mi imaginación; por consiguiente, la concepción que tengo de la cera no se realiza por la facultad de imaginar.